Como muchos lo comentaron fue el concierto de Dios y el Papa: Sabina y Serrat o viceversa dependiendo de la preferencia, nada igualable a estos maestros, se ganaron todos los aplausos del publico y tanto fue la ovación después de su despedida que tres veces salieron nuevamente al escenario para seguir deleitándonos con sus canciones que fueron coreadas por todos, como les había comentado a muchos amigos, me di el gusto de pararme unas cuantas veces y hacerles la venia.
Ahora puedo decir que solo me falta el concierto de Luis Eduardo Aute y puedo irme feliz a la tumba.